domingo, 5 de enero de 2020

Epifanía del Señor


6 de enero de 2020 – Tiempo de Navidad

6 de enero - EPIFANIA DEL SEÑOR

             "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?"

      Isaías 60,1-6

      ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor
amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los
pueblos, pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y
caminarán los pueblos a tu luz; los reyes al resplandor de tu aurora.
      Levanta la vista en torno, mira: todos éstos se han reunido, vienen a
ti: tus hijos vienen de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Entonces lo
verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando
vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los
pueblos. Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y
de Efá. Vienen todos de Sabá, trayendo incienso y oro, y proclamando las
alabanzas del Señor.

      Efesios 3,2-3a.5-6

      Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me
ha dado en favor vuestro.
      Ya que se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido
manifestado a los hombres en otros tiempos, como ha sido revelado ahora por
el Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: que también los gentiles son
coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en
Jesucristo, por el Evangelio.

      Mateo 2,1-12

      Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos
Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
      - ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto
salir su estrella y venimos a adorarlo.
      Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él;
convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó
dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
      - En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: "Y tu, Belén,
tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá,
pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel".
      Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran
el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndo-
les:
      - Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encon-
tréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo. Ellos, después de oír al rey,
se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó
a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver
la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al
niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después,
abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
      Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a He-
rodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Comentario

      La fiesta de la Epifanía es la celebración de la manifestación del Se-
ñor. Habiendo nacido en Belén de Judea, en el seno del pueblo elegido, Jesús
se manifiesta en primer lugar a los judíos: los pastores recibieron las
primicias del anuncio de que había nacido un Salvador.
      Pero el evangelio de hoy nos lleva a perspectivas más amplias. Subraya
la dimensión universalista de la venida de Dios entre los hombres. Se cumple
así el gran misterio de la gracia de Dios: "que los paganos mediante el
Mesías Jesús, y gracias a la buena noticia, entran en la misma herencia,
forman un mismo cuerpo y tienen parte en la misma promesa" Ef 3,6.
      El plan de Dios de salvar a todos los hombres había comenzado con la
llamada de Abrahán, pagano también él. Su respuesta de fe le constituyó en
padre de los creyentes y depositario de una alianza no condicionada, basada
únicamente en la gracia y en la palabra de Dios.
      Pero, a medida que avanzó la historia de la salvación, el pueblo hebreo
desvirtuó en gran parte los contenidos de la alianza al subrayar el aspecto
legalista de la revelación divina, el aspecto nacionalista de la elección y
el aspecto de cumplimiento externo frente a la actitud profunda de fe y de
conversión del corazón.
      Los profetas protestaron, y en ocasiones de forma muy dura, contra
estas graves desviaciones y anunciaron una alianza nueva y definitiva en los
tiempos mesiánicos.
      La visita de los magos es para el evangelista el primer anuncio de esta
nueva alianza: definitiva y universal. Y los magos experimentaron una gran
alegría al ver de nuevo la estrella y encontrar a Cristo en Belén.
      El niño que los magos buscan es "el rey de los judíos". Un rey cuya
soberanía es distinta de la del rey Herodes, también el rey de los judíos.
Este conflicto sobresalta a Herodes (y con él a toda Jerusalén) manifestando
así la condición del recién nacido.
      Los magos, guiados por las instrucciones falaces de Herodes, pero sobre
todo por la estrella, signo de la acción directa de Dios, llegan al lugar
donde estaba Jesús, lo reconocen y, "cayendo de rodillas le rinden homenaje".
      Los autores ven en el paralelismo pastores-magos los dos modos de
llegar al conocimiento de Dios: por la revelación (los pastores) y a través
de la razón natural (los magos). Pero el modo más exacto de comprender el
paralelismo de los dos encuentros con el Salvador es considerar ambos en la
perspectiva de la historia de la salvación que arranca del pueblo elegido y
llega a todos los hombres.
      Los magos encuentran al "niño con María su Madre". José no aparece
citado en este momento. Sólo después que los magos se van asume su papel de
jefe y guía de la Sagrada Familia.
      El encuentro de Jesús por parte de los magos les produce una gran
alegría. A la iluminación externa de la estrella se une la iluminación inter-
na de la fe. Reconocen en Jesús niño en brazos de su Madre al rey, es decir,
al salvador universal.

                                En Nazaret

      La visita de los magos es uno de los hechos pertenecientes a la in-
fancia de Jesús que María conservaba en su corazón durante el período de
Nazaret.
      Las palabras del Ángel Gabriel en la anunciación, la adoración de los
pastores y reyes, la proclamación de Simeón y de Ana, las palabras de Jesús
en el momento que lo encontraron en el templo... son otros tantos momentos
en los que se transparenta, para quien lee los acontecimientos con la fe en
el corazón, la dimensión trascendente y divina de Jesús.
      En el período oscuro de Nazaret, Jesús aparentemente no revela nada,
no manifiesta nada, no da a conocer ni quién es ni cuál es su misión.
      Pero si meditamos con más atención, descubriremos que con su presencia
prolongada y callada en el humilde pueblo de Galilea nos manifiesta dos cosas
muy importantes:
      - Dios quiere penetrar y asumir la realidad del mundo que Él mismo
creó. En Cristo Dios incorpora la materia a sí mismo y no de una manera arti-
ficial y mágica, sino natural, progresiva, humana.
      - Dios quiere salvar a los hombres desde dentro, haciéndose hombre,
entrando en la manera de ser y de vivir de los hombres. Por eso la salvación,
que viene del cielo, podrá ser vivida también como algo que germina de la
tierra en el corazón de cada hombre. Era éste el ideal preanunciado por los
profetas: que Dios cambiaría el corazón del hombre y escribiría en él su ley.
      Ya no hay dos mundos: uno sagrado y otro profano. En Jesús, hijo del
hombre e Hijo de Dios todo queda unificado y santificado.
      Estos aspectos tan importantes de la revelación que brillan de un modo
particular en Nazaret dan a la salvación traída por Cristo toda su dimensión
universalista y cósmica: ya no hace falta ser judío para salvarse, ya no hace
falta ir al templo para orar, ya no hace falta bendecir a las cosas para que
estén benditas, ya no van el mundo y Dios por dos caminos irreconciliables.
      El mensaje del Nuevo Testamento explicitará poco a poco todos estos
puntos con las palabras claras y bien conocidas. Pero antes de ser dichas,
todas estas cosas fueron vividas en Nazaret. Es más, si pudieron ser dichas
con verdad es porque antes habían sido realizadas.

                            El vivir cristiano

      El vivir cristiano de quien contempla el misterio desde Nazaret:
  -   valora en su justo precio el momento manifestativo de Dios porque sabe
      que lo que ha dicho es cierto en la vida;
  -   sabe conjugar palabra explícita y testimonio oscuro de una vida senci-
      lla;
  -   no considera tiempo perdido y vacío todo el camino de penetración en
      las realidades humanas porque sabe que ese ha sido el camino recorrido
      por Cristo;
  -   tiene muy claro que no se trata simplemente de identificarse con el
      mundo, sino de encarnarse en él para hacer penetrar hasta su médula el
      mensaje trascendente que salva;
  -   sabe vivir abierto y no poner condiciones ni requisitos que Dios no
      pone para acoger al Salvador;
  -   vive de la esperanza de que un día todo estará claro, de que habrá una
      manifestación de Dios mucho más clara y resplandeciente para todos los
      hombres, y que la misma creación gime con dolores de parto hasta que
      alcance la liberación y la gloria de los hijos de Dios, Rm 8,18-21.

VOLVER A NAZARET - Hno. TEODORO BERZAL (hsf)

sábado, 4 de enero de 2020

Ciclo A - II Domingo despues de Navidad


5 de enero de 2020 - II DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD

                         "Y acampó entre nosotros"

   Juan 1,1-18

   En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por
medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha
hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz
brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.
   Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como
testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la
fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verda-
dera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo
se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los
suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser
hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de
amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y
acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del hijo
único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
   Juan da testimonio de Él y grita diciendo:
   -Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí, pasa delante de mí,
porque existía antes que yo". Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia
tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad
vinieron por medio de Jesucristo.
   A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del
Padre, es quien lo ha dado a conocer.
                                    
Comentario

   El segundo domingo después de Navidad, continúa, al igual que en la fiesta
de la Sagrada Familia, la meditación de la Iglesia sobre el misterio de la
encarnación del Verbo. El mensaje de las lecturas se mueve entorno a esa cima
de la revelación recogida en el prólogo del evangelio de S. Juan, que dice
de forma sintética: "Y la palabra se hizo carne y acampó entre nosotros"
   El orden litúrgico de las lecturas respeta la economía de la revelación
que, ya desde el Antiguo Testamento, tiende puentes hacia lo que será la
manifestación culminante en Cristo. El cap. 24 del Eclesiástico es uno de los
casos más evidentes en este sentido. Según algunos, el autor del IV evangelio
pudo inspirarse en él para escribir el prólogo. La "sabiduría" se presenta
como una entidad que en cierto modo se identifica con Dios, pues está con Él
desde siempre, y por otro lado se distingue de Él y es enviada a habitar
(=poner la tienda) en Jacob, personificación del pueblo elegido. Hay, pues,
ciertos aspectos que anuncian la misión de la segunda persona de la Trinidad:
su subsistencia eterna, su función reveladora, su venida al mundo.
   Pero en el evangelio tenemos también una radical novedad: "A Dios nadie
le ha visto jamás, el Hijo único que está en el seno del Padre es quien lo
ha dado a conocer" (1,18). La función iluminadora de la sabiduría llega a su
plenitud cuando Jesús nos revela el rostro del Padre, Él que es su viva
"imagen" (2Co 4,4) e "impronta de su sustancia" (Heb 1,3). Y hay también un
mayor realismo que desborda todas las expectativas del Antiguo Testamento.
Nadie leyendo las páginas del Eclesiástico podía sospechar que el "poner la
tienda en Jacob" y el habitar en Jerusalén comportara que el Verbo de Dios
se hiciera carne y viviera entre los hombres como uno de ellos.
   Lo que el Antiguo Testamento había intuido, se realiza plenamente en
Cristo: su naturaleza humana es la "tienda", lugar del encuentro de Dios con
el hombre, pues es allí donde habita "corporalmente toda la plenitud de la
divinidad" (Col 1,18).
   Bien podemos decir que en esto consiste la "bendición espiritual" de que
nos habla S. Pablo en la 2ª. lectura. En Cristo, el Padre nos ha elegido y nos
ha hecho hijos suyos, dándonos la redención y la plenitud de la salvación,
las cuales redundan finalmente en gloria suya. Más que aspectos
diversificados de esa misma plenitud de gracia que Dios nos da en Cristo,
debemos ver la totalidad del don que se nos da con la efusión del Espíritu
Santo en el bautismo.
   De esta forma se ensancha también la perspectiva de la salvación del
pueblo elegido a todos los hombres.

                              Puso su tienda

   La lectura de los evangelios de la infancia de Cristo en Lucas y Mateo
nos tiene acostumbrados a ver en detalle los diversos acontecimientos que se
fueron sucediendo en los primeros años de la vida de Jesús. Los evangelistas
nos presentan ya esos hechos a la luz de su fe en la resurrección de Cristo,
y esto les da una perspectiva y una profundidad de interpretación que va más
allá de la anotación puntual de lo que sucedió.
   El evangelio de Juan que leemos hoy, nos echa también una mano en ese
sentido. Dejando de lado los detalles de la narración histórica, el prólogo
del cuarto evangelio pone de relieve los datos de la fe, que son también los
puntos clave en los sinópticos. Veamos esto un poco más en detalle analizando
las coincidencias entre los dos primeros capítulos de Lucas y el primero de
Juan.
   Lo que llama la atención en primer lugar es el contraste entre las
figuras de Juan Bautista y de Jesús; Éste verdadera luz del mundo y aquél
sólo su testigo y precursor. Para ambos evangelistas, Jesús viene a su casa,
a los suyos, a su pueblo, y el recibimiento que se le dispensa es escaso o
nulo. Hay una conflictividad que se crea de inmediato con su aparición en el
mundo.
   Pero el punto esencial de coincidencia está en la identidad de Jesús: es
el Hijo de Dios que se hace hombre. El signo de este misterio es la
virginidad de María (Lc 1,34; Jn 1,13).
   Los dos evangelistas se sirven como realidad de fondo para hablar de la
divinidad de Cristo, de uno de los conceptos más significativos del Antiguo
Testamento: el de la presencia de Dios en la tienda del encuentro (Cfr Ex
26,1-14). En dicha tienda Dios se hacía presente mediante el signo de la nube
durante la experiencia del camino a través del desierto (Ex 40,34-35). Era
también el lugar donde Dios habitaba, pues en ella estaba el arca de la
alianza con las tablas de la ley.
   Los profetas anunciaron para los tiempos mesiánicos una presencia más
real de Dios en Jerusalén (Jl 4,21) y en el templo (Ez 43,7); pero también
en medio del pueblo (Zc 2,14; Sof 3,14-18). Cuando Juan dice que la Palabra
"puso su tienda entre nosotros" (1,14) y el Ángel, (en Lc 1,35), explica cómo
se realizará la concepción virginal de Jesús con las palabras "El Espíritu
Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra",
están probablemente aludiendo a esa realidad de la presencia de Dios en la
tienda de la alianza. Pero al mismo tiempo proclaman la novedad radical de
la alianza nueva que consiste en la "visita" personal de Dios a su pueblo en
Jesús de Nazaret.
   Así comienza este tiempo nuevo de la "gracia" y de la "verdad" (Jn 1,17)
en el que se mueve también todo el evangelio de la infancia de Cristo en la
versión de Lucas, desde el saludo del Ángel a la "llena de gracia" hasta el
crecimiento de Jesús "en saber, en estatura y en el favor de Dios y de los
hombres" (Lc 2,52).
  
   Te alabamos, Padre, y te glorificamos
   por la venida de Jesús, sabiduría eterna,
   en medio de nosotros, para redimirnos.
   Queremos abrirnos, como María,
   a la acción del Espíritu Santo
   para acogerlo en nuestra vida, mediante la fe,
   y darlo como salvación al mundo.
   Queremos contemplar con amor
   su generación eterna
   y su generación en el tiempo
   para que Él, que es nuestra vida,
   lo sea también de todos.

                          "Quienes lo recibieron"

   La Iglesia nos lleva a profundizar el misterio de la encarnación en este
domingo, tratando de crear en nosotros la actitud de acogida del magnífico
don de la Navidad.
   Una primera pista de acción en nuestra vida estaría constituida por el
paso alternativo del Dios-con-nosotros (el Emmanuel) al Dios en nosotros. No
sólo, pues, cohabitación, sino inhabitación en lo más profundo de nosotros
mismos. Es una realidad magnífica que hacía exultar a los santos y que debe
llenar de gozo, de confianza y de intimidad familiar con Dios la vida de todo
cristiano.
   Paso alternativo hemos dicho, porque la otra pista va en la línea de
descubrir su presencia en los demás. La orientación del Vaticano II es
determinante en este sentido: "El Hijo de Dios, por su encarnación, se
identificó en cierto modo con todos los hombres"(G.S. 22).
   Así pues, tenemos un Dios que viene a habitar "en" nosotros y "con"
nosotros. Nuestra actitud de acogida debe dilatarse, pues, en un doble senti-
do: primero para recibirlo cada vez más profundamente, con mayor atención,
silencio y delicadeza en nosotros mismos y luego para acogerlo siempre en la
presencia "real" de los que se nos acercan y de los que viven con nosotros.
   La distracción, la superficialidad, la obnubilación que produce el peca-
do, puede llevarnos muchas veces a limitar nuestra capacidad de acogida, a
vivir en las tinieblas: "La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre
estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo fue hecho
mediante ella, el mundo no la conoció" (Jn 1,9-10).
   "Pero a los que la recibieron..." En esa adhesión realista y concreta que
consiste en dar cabida a Dios en nuestra vida está el comienzo de la relación
vital con Él, y esa relación cambia toda la existencia y va creciendo
continuamente hasta llegar a la plenitud: "Porque de su plenitud todos reci-
bimos ante todo un amor que responde a su amor" (Jn 1,16). Gracia tras
gracia, traducen otros.

VOLVER A NAZARET - Hno. TEODORO BERZAL (hsf)

sábado, 28 de diciembre de 2019

Ciclo A - Sagrada Familia


29 de diciembre de 2019 – Tiempo de Navidad

                  DOMINGO DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: JESUS, MARIA Y JOSE

                       "...que se llamaría Nazareno"

   Eclesiástico 3,3-7. 14-17a

   Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad
de la madre sobre la prole.
   El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre
acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando
rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que
honra a su madre el Señor le escucha.
   Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras
viva; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes, mientras
seas fuerte.
   La piedad para con tu padre no se olvidará, será tenida en cuenta para
pagar tus pecados.

   Colosenses 3,12-21

   Hermanos: Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro
uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la
comprensión.
   Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra
otro.
   El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
   Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad
consumada.
   Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis
sido convocados, en un solo cuerpo.
   Y sed agradecidos: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su
riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
   Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos
inspirados.
   Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de
Jesús, ofreciendo la Acción de gracias a Dios Padre por medio de Él.
   Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el
Señor.
   Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
   Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor.
   Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

   Mateo 2,13-15.19-23

   Cuando se marcharon los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños
a José y le dijo:
   -Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta
que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.
   José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto y
se quedó hasta la muerte de Herodes; así se cumplió lo que dice el Señor por
el profeta: "Llamé‚ a mi hijo para que saliera de Egipto".
   Cuando murió Herodes, el Ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños
a José en Egipto y le dijo:
   -Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto
los que atentaban contra la vida del niño.
   Se levantó, cogió al niño y a su madre y volvió a Israel. Pero al
enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes,
tuvo miedo de ir allí. Y avisado en sueños, se retiró a Galilea y se
estableció en un pueblo llamado Nazaret. Así se cumplió lo que dijeron los
profetas, que se llamaría Nazareno.
                            
Comentario

   Los textos de la liturgia de hoy están elegidos en función de la fiesta
que se celebra e ilustran algunos aspectos importantes de su contenido.
   La fiesta de la Sagrada Familia, colocada a continuación de la Navidad,
nos dice ya por intuición que la encarnación del Verbo y su nacimiento tienen
una prolongación natural en su vida de familia con María y José y, para
nosotros, otra prolongación en la economía sacramental del año litúrgico.
   El evangelio de Mateo que leemos hoy, es la parte final de los episodios
correspondientes a la infancia de Cristo. Como es sabido, este evangelista
distribuye dichos episodios presentándolos como cumplimiento de lo dicho por
los profetas acerca del Mesías y cita explícitamente algunas frases de la
Escritura en este sentido.
   En el pasaje de hoy son dos las citas y ambas tienen su interés. La orden
dada por Dios a José por medio del Ángel de ir a Egipto conlleva el
cumplimiento de una palabra de Oseas. El texto del profeta suena así: "Cuando
Israel era niño, lo amé y desde Egipto llamé a mi hijo" (Os 11,1). Mateo toma
sólo la última parte del versículo, pero leyendo el texto profético por
completo queda claro el sentido que lo que Dios quiere de su pueblo es que
repita la experiencia del éxodo y que se convierta a Él. Aplicándolo el
evangelista directamente a Jesús, realiza una personificación muy signifi-
cativa. Jesús encarna así a todo el pueblo elegido. Es de notar además que
en casi todas las referencias bíblicas de Mateo en estos episodios de la
infancia de Jesús, aparece la palabra "hijo". En este caso expresa con
claridad la vinculación completamente especial de Jesús con Dios.
   La segunda referencia al AT presente en el evangelio de hoy es más
oscura. Los estudiosos de la Biblia vacilan al pretender encontrar en qué
lugar "los profetas dijeron que se llamaría nazareno". Las hipótesis más
verosímiles son dos: una alusión a Sansón ("el niño estará consagrado=nazŒr
a Dios", Jueces 13,15) o al comienzo del cap. 11 de Isaías ("Saldrá un renue-
vo=neser del tocón de Jesé"). Quizá el evangelista haya querido combinar
ambas alusiones, queriendo sobre todo expresar que el hecho de que Jesús haya
residido en Nazaret y haya sido llamado "nazareno" no es algo casual ni un
detalle sin importancia, sino algo querido y previsto por Dios.
   También en esas cosas, a través de los azares y las alternativas de los
mandatarios del tiempo, se llevaron a cabo los designios divinos para que se
cumpliera la Escritura. Todo se realizó según el plan de Dios.

Vivir en familia

   En la fiesta de la Sagrada Familia la Palabra de Dios explica ampliamente
desde la fe el significado de la vida en familia
   La figura de José‚ plenamente responsable de los suyos y abierto a las
indicaciones que le vienen de lo alto, nos da ya a entender qué significa ser
padre. Es admirable contemplar cómo Jesús, necesitado de ayuda y protección,
encuentra en la familia, en el amor recíproco de María y José‚ los elementos
imprescindibles para poder crecer y realizar su obra de salvación.
   En el texto del Eclesiástico (1ª. Lectura) se explica lo que significa ser
hijo, comentando el cuarto mandamiento dado por Dios a Moisés: "Honra a tu
padre y a tu madre, como te mandó el Señor, así prolongarás tu vida y te irá 
bien en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar" (Det 5,16). Existe un
orden en la naturaleza según el cual la vida viene de los padres a los hijos.
Este orden crea una estructura de relación personal profundísima que, cuando
es alterada, toca a la persona en su mismo ser. "Honrar" al padre y a la
madre es reconocer ese orden de la naturaleza y prolongarlo en una relación
de respeto, obediencia y amor, que está en la base de toda vida familiar. Esa
acogida del orden natural de la vida es lo que según el texto bíblico, lleva
a que la vida del hijo se prolongue ampliamente y pueda insertarse en el
ambiente vital: "Te irá bien en la tierra..."
   En la carta a los Colosenses S. Pablo da algunas indicaciones bien
precisas sobre el modo de comportarse en familia a quienes han recibido la
nueva vida en Cristo: "Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros mari-
dos... Maridos, amad a vuestras mujeres... Hijos, obedeced a vuestros pa-
dres..." La pertenencia al "pueblo elegido por Dios" y la modificación de las
actitudes más profundas que esto implica en las personas ("El Señor os ha
perdonado, haced vosotros los mismo") introducen una profunda novedad en las
relaciones intrafamiliares. Aparentemente nada cambia porque el orden natural
es respetado, sin embargo, la común dignidad de bautizados y el reco-
nocimiento de Dios como Señor único de la vida, hacen que la familia
"cristiana", pueda convertirse en ese germen de la Iglesia y transformación
social para hacer al mundo más humano.
   Meditando la Palabra de Dios desde Nazaret, no deja de llamar la atención
el hecho de que Jesús haya querido vivir como hijo y haya "honrado" a su
padre y a su Madre. El, autor de la vida en cuanto Dios, se ha sometido al
orden natural según el cual la vida le ha sido dada y ha necesitado de una
protección para escapar a los peligros que la amenazaban. Ha sido ese gesto
suyo el que ha salvado de la destrucción el flujo maravilloso de la vida, que
se hubiera irremediablemente perdido por causa del pecado, portador de la
muerte.
   Jesús ha redimido, viviendo en Nazaret, el sentido que tiene la familia
en cuanto transmisora de la vida.

   Padre de la vida,
   te bendecimos porque en la encarnación de tu Hijo
   nos has revelado tu Amor.
   Que el Espíritu Santo, por medio de la Palabra
   que hemos escuchado y meditado en el fondo del corazón
   vivifique nuestras relaciones
   para que sepamos vivir en familia.
   Danos tu fuerza para que sepamos
   acoger y promover el don de la vida
   y para que sepamos establecer relaciones familiares
   en todos los ámbitos en que nos movemos.

Misión de la familia

   La familia humana, reflejo de la familia de la Trinidad, encuentra en la
Familia de Nazaret, su realización más perfecta. Las atenciones que María y
José prodigan al Niño protegiéndolo y cuidándolo, como se nos dice en el
evangelio de este domingo, son una muestra del amor verdadero que unía a este
núcleo familiar querido por Dios para acoger a su Hijo.
   La situación de pobreza y precariedad en la que la familia de Jesús es
obligada a vivir por las circunstancias en sus primeros años, revela a la vez
la fragilidad y la fuerza de la unión familiar. Jesús, María y José nos
aparecen en esos primeros años más que nunca como "esos tres pobres que se
aman" ("Ces trois pauvres gens qui s'aiment"), según la expresión de Claudel.
Son la imagen más clara de la vulnerabilidad y al mismo tiempo de la
consistencia del amor recíproco.
   También hoy muchas familias se ven obligadas a sufrir la marginación y la
pobreza, advierten la inseguridad y la fragilidad de los lazos del amor
minados por las mil formas que toma el egoísmo. Además las violencias que se
le hacen desde fuera no son pocas, desde la acción disgregadora de la
sociedad hasta las amenazas contra la vida en sus fases más débiles.
   Y, sin embargo, tanto la Iglesia como la sociedad siguen confiando en la
fuerza de regeneración y de transformación que tiene la familia. Se diría que
se trata casi de un impulso instintivo que lleva a depositar la confianza en
lo que hay de más genuino y auténtico para promover la vida y el amor.
   El amor familiar, hecho de paciencia, recíproca atención y apertura a los
demás, es la parábola misma del vivir cristiano, que se realiza en la acogida
de la vida que viene de Dios, crece en la comunidad y se da en la misión
hasta llegar a su plenitud. Contar con el lugar donde todo eso acontece como
don de la vida, es descubrir la armonía profunda que existe entre la
"naturaleza" y la "gracia" también en este ámbito de las relaciones humanas.

TEODORO BERZAL hsf