sábado, 9 de abril de 2022

Ciclo C - Domingo de Ramos

 10 de abril de 2022 - DOMINGO DE RAMOS EN LA PASION DEL SEÑOR – Ciclo C

 

                                 "Jesús Nazareno, Rey de los Judíos"

 

      Isaías 5,4-7

 

      Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido

una palabra de aliento.

      Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados.

      El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me

he echado atrás.

      Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban

mi barba.

      No oculté el rostro a insultos y salivazos.

      Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso endurecí el

rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

 

      Filipenses 2,6-11

 

      Cristo, a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría

de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.

      Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse

incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

      Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el "Nombre -sobre-

todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el

Cielo, en la Tierra, en el Abismo-, y toda lengua proclame: "¡Jesucristo es

Señor!" para gloria de Dios Padre.

 

Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas, 22,14-23,56.

 

Comentario

 

      Todo el Evangelio de Lucas está transido de la tensión de Jesús, que

con mirada fija en la meta avanza hacia Jerusalén.

      La procesión de los ramos, imagen de la Iglesia que marcha y que aclama

a su Señor, está animada por este dinamismo de caminar hacia Jerusalén. "Y,

dicho esto, Jesús echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén"

Lc 9,20.

      Jerusalén es el lugar destinado por el Padre para que Jesús cumpla

definitivamente su misión de revelar el amor de Dios y de redimir al hombre.

En Jerusalén Jesús realiza plenamente el evangelio (buena noticia) del don

misericordioso de Dios al hombre. Y de Jerusalén saldrá la Palabra de Dios

para extenderse por todo el mundo, como el mismo Lucas narra en los Hechos

de los Apóstoles.

      La narración de la pasión nos coloca delante del momento supremo del

misterio de Cristo, que sella toda su trayectoria humana y lo abre a la

resurrección. La figura del Maestro aparece en su plenitud. Llama al

discípulo a seguirlo por el camino de la cruz, de la conversión, del perdón

y de la total confianza en el Padre.

      Al oír el relato de la pasión cada uno de nosotros es interpelado y se

ve obligado a tomar una postura ante el Señor que camina hacia el Calvario

con Simón cireneo, con las mujeres de Jerusalén, con los jefes del pueblo,

con los soldados o con uno de los dos ladrones. La narración se abre con la

institución de la Eucaristía y, en sintonía con el Jesús que entrega su

cuerpo y su sangre por nosotros, los discípulos son invitados a "hacer lo

mismo" en memoria suya.

      El anuncio de la traición de Judas y de la negación de Pedro preparan

la hora del combate supremo de Jesús que comienza en el jardín de los olivos,

se continúa ante el Sanedrín, ante Pilato y ante Herodes y culmina en la

cruz. La narración litúrgica nos deja en compañía de José‚ de Arimetea y las

piadosas mujeres que habían seguido a Jesús desde la Galilea.

      El evangelista presenta la pasión y muerte de Jesús como cumplimiento

de la voluntad de Dios y como entrega libre por parte de Jesús, pero también

como un hecho histórico resultado de la postura de Jesús ante las autoridades

religiosas y civiles, de las maquinaciones de los miembros del Sanedrín, de

la traición de Judas. Llegamos a penetrar en el misterio sólo si a través de

las causas humanas que llevaron a tan trágico desenlace, descubrimos con la

fe la trascendencia del gesto de Jesús que se entrega por nuestros pecados

y si aprendemos a llevar con Él y como Él nuestra cruz de cada día.

      Ante Cristo que muere en la cruz, sobran todas las palabras, porque en

ninguna de ellas cabe todo el significado de lo que allí se vivió. Es mejor

ponerse de rodillas, contemplar en silencio hasta dejarse traspasar por el

misterio y adentrarse en lo que Jesús experimentó hasta que el Espíritu Santo

nos lleve a "tener la misma actitud del Mesías Jesús" Fil 2,5.

 

El Nazareno

 

      El calificativo que sirvió a Pilato para identificar al condenado a

muerte aquel día y que mandó clavar en su cruz nos da pie para volver al

tiempo que hizo posible llamarlo así. En efecto, Jesús, colgado de la cruz

es "el nazareno".

      Como ha escrito un autor, Belén es la patria teológica de Jesús, Na-

zaret es la patria histórica y geográfica. En Belén nació "para que se cum-

pliera lo anunciado por los profetas" Mt 2,6. Nazaret, pueblo ignorado por

el Antiguo Testamento, es el lugar donde se crió, donde se fue gestando con

su denominación de "Nazareno" el misterio que hizo posible que se lo

llamaran así en el momento de su entrega suprema en la cruz.

      Sólo después de la resurrección puede darse una interpretación exacta

de lo que significó la muerte de Jesús en la cruz. El mismo Jesús resucitado

se esforzó por hacérselo comprender a los dos de Emaús: "¡Qué torpes sois y

qué lentos para creer lo que anunciaron los profetas!”, ¨¿No tenía el Mesías que

padecer todo eso para entrar en su gloria?" Lc 24,25-26. Y sólo desde esa

misma perspectiva puede entenderse la luz que el misterio de la cruz arroja

sobre Nazaret.

      El Jesús que un día sería crucificado vive en la humildad de Nazaret.

Aunque los evangelios con su silencio sobre los años de Nazaret nos lleven

instintivamente a dar un salto en el vacío y ver de pronto al Jesús adulto

que anuncia la llegada del reino, la realidad no pudo ser así: la vida avanza

poco a poco.

      Los planteamientos que llevaron a Jesús al sacrificio de la cruz no

pudieron improvisarse. Los evangelios, escritos desde una comunidad que cree

en Jesús resucitado y que ha encontrado ya una explicación a su muerte

redentora, dan algunos detalles sobre los primeros años de la vida de Jesús

que conectan directamente con el misterio de la cruz y ayudan a entenderlos

en todo su profundo significado.

      "Este está puesto para que todos en Israel caigan o se levanten. Ser 

una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasar el corazón,

así quedará patente lo que todos piensan" Lc 2,35. "Levántate, toma al niño

y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta nuevo aviso, porque Herodes

va a buscar el niño para matarlo" Mt 2,13. "Levántate, toma el niño y a su

Madre y vuelve a Israel; ya han muerto lo que intentaban acabar con el

niño... Fue a establecerse en un pueblo que llaman Nazaret" Mt 2,23 "Mira con

qué angustia te buscábamos tu padre y yo" Lc 2,48.

      La persecución interesada de los poderosos, la no aceptación por parte

de los suyos, su condición de profeta discutido, su total sumisión a la

voluntad del Padre, su misteriosa vinculación con Jerusalén y su templo, su

condición de Mesías libertador del pueblo, son otros tantos aspectos ya pre-

sentes germinalmente en el comienzo de su vida y con el tiempo se con-

vertirían en la trama misma de su muerte en cruz.

 

Nuestra cruz

 

      No se puede ser cristiano en plenitud sin asimilar en nuestra vida la

dimensión de dolor, de fracaso, de soledad, de muerte que todo vivir lleva

consigo. Cristiano es sólo quien vive, como el Nazareno, en actitud de entre-

ga permanente de la vida en favor de los demás.

      ¿Cómo vivir hoy el misterio de la cruz en una comunidad que se inspira

en Nazaret para trazar su estilo de vida?.

      Vive el misterio de la cruz:

      - La comunidad donde es posible el perdón: reconciliación con Dios y

      perdón mutuo entre los hermanos.

      - La comunidad donde se asume el mal, el pecado, lo negativo, donde se

      cuenta con ello.

      - La comunidad atenta a la debilidad y limitación de sus miembros.

      - La comunidad que se sabe y se acepta pecadora, no sólo en sus miem-

      bros tomados individualmente sino ella misma en su conjunto.

      - La comunidad que acepta la enfermedad, el fracaso, el desengaño de

      alguno de sus miembros y sabe integrarlo en su vida. 

      - La comunidad que se siente débil y a veces impotente ante la obra

      apostólica que tiene confiada

      - La comunidad donde cada miembro está dispuesto a sacrificarse por los

      demás, a dar su tiempo, sus cualidades, su vida misma.

      - La comunidad donde se vive el radicalismo evangélico con serenidad

      y gozo.

      - La comunidad que se siente fracasada en su anhelo de construir la

      fraternidad y no pierde aún la esperanza de conseguirlo.

      - La comunidad que se siente acosada por un ambiente hostil y lucha por

      mantener su identidad y por ser luz y fermento en la masa. 

      - Una comunidad así está compartiendo con Jesús el misterio de su

      muerte redentora.

     

      Una comunidad así está reproduciendo el ideal de Nazaret, donde tampoco

todo fue fácil, donde hubo sufrimiento y angustia, huida del perseguido,

obediencia y pobreza, aceptación del dolor y de la muerte, trabajo y donación

total al otro. El misterio de la cruz, visto desde Nazaret, nos enseña hoy

a vivir como hermanos.

 

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sábado, 2 de abril de 2022

Ciclo C - Cuaresma - Domingo V

 3 de abril de 2022 - V DOMINGO DE CUARESMA – Ciclo C

 

                     "Tampoco yo te condeno"

 

 

Isaías 43,16-21

 

      Así dice el Señor que abrió camino en el mar y senda en las aguas

impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes:

caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue.

      No recordéis lo antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo

algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?

      Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo, me glorificarán las

bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desier-

to, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el

pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.

 

Filipenses 3,8-14

 

      Todo lo estimo pérdida, comparando con la excelencia del conocimiento

de Cristo Jesús, mi Señor.

      Por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo

y existir en Él, no con una justicia mía -la de la ley-, sino con la que

viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

      Para conocerlo a Él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con

sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la

resurrección de entre los muertos.

      No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo

sigo corriendo.

      Y aunque poseo el premio, porque Cristo Jesús me lo ha entregado,

hermanos, yo, a mi mismo me considero como si aún no hubiera conseguido el

premio.

      Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome

hacia lo que está delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que

Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

 

Juan 8,1-11

 

      En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer

se presentó de nuevo en el templo y todo el pueblo acudía a Él, y, sen-

tándose, les enseñaba.

      Los letrados y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adul-

terio, y, colocándola en medio, dijeron:

      - Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La

ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras: tú ¿qué dices?

      Le preguntaron esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús,

inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

      Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

      - El que está sin pecado, que le tire la primera piedra.

      E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

      Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los

más viejos, hasta el último.

      Y quedó solo Jesús, y la mujer en medio, de pie.

      Jesús se incorporó y preguntó:

      - Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?

      Ella contestó:

      - Ninguno, Señor.

      Jesús dijo:

      - Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.

 

Comentario

 

      En el itinerario espiritual de la cuaresma llegamos hoy al momento en

que surge la vida nueva.

      Leyendo el Evangelio de S. Juan que hoy nos propone la Iglesia podría-

mos pensar que lo importante está en el hecho de que Jesús salga airoso de

la prueba a que es sometido por parte de los letrados y fariseos. Sin em-

bargo, pronto se advierte que el núcleo del pasaje está en la segunda parte,

en el momento en que, puesto de manifiesto el torcido proceder de los

acusadores, Jesús queda solo con la mujer adúltera y con el perdón la invita

a renacer a una vida nueva.

      Jesús sabe cómo es el corazón del hombre. "No necesitaba informes de

nadie, Él conocía al hombre por dentro" Jn 2,25. Por eso pudo poner de mani-

fiesto lo que se escondía en el interior de quienes querían ponerle dificul-

tad acudiendo al gesto profético de escribir en el suelo y realizando así las

palabras de Jeremías: "los que te abandonan fracasan, los que se apartan

serán escritos en el polvo porque abandonaron al Señor, manantial de agua

viva" Jer 17,13.

      El lector, el oyente de la palabra, se ve así llevado, como en tantas

otras ocasiones, a una alternativa. O alejarse de Jesús llevándose consigo

el propio pecado o quedarse ante Él sin ninguna máscara, reconociendo

sencillamente que uno necesita ser perdonado.

      Jesús aparece aquí como el perdonador, el que se pone de la parte de

los que no acusan y condenan. "Pues yo tampoco te condeno". No hace pesar el

pecado sobre quien lo reconoce. Jesús encarna así el gesto benevolente de

Dios, Él es el evangelio de la misericordia.

      De los escombros de su pecado, ante la misericordiosa mirada de Jesús,

la mujer renace para una existencia nueva, para una vida no de inocente, sino

de perdonada.

      Las últimas palabras de Jesús representan la esperanza de una recu-

peración, de un renacimiento, de la posibilidad de iniciar una vida distinta:

la posibilidad de una conversión. Esas palabras son el eco de aquellas otras

de Isaías: "Mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando ¿no lo notáis?"

Is 43,19.

 

La novedad de Nazaret

 

      En Nazaret comenzó a apuntar la vida nueva traída por Cristo. Los

efectos de la redención empezaron a manifestarse en María desde el primer

momento de su concepción.

      La realidad de la vida nueva, de la vida en amistad plena con Dios tuvo

en la familia de Nazaret su más plena expresión. En Nazaret se comenzó a

vivir la novedad del Reino de Dios antes de que Jesús comenzara a anunciarla.

Allí crecía en secreto el misterio que estaba por manisfestarse y no sólo en

lo íntimo del corazón sino en la organización de un grupo.

      La fe, la sencillez de la vida en común, la efusión del Espíritu Santo

que mueve a las personas, la alegría, la virginidad de María y José‚ son

realidades todas que pertenecen de lleno al tiempo de la nueva alianza. Jesús

dirá durante su ministerio público: "Hay eunucos que salieron así del vientre

de su madre, a otros los hicieron los hombres y hay quienes se hicieron

eunucos por el reinado de Dios" Mt 19,12. María y José‚ empezaron ya, bajo la

acción del Espíritu Santo, a vivir la virginidad por el reino.

      Y la virginidad por el reino no es más que un aspecto de otra realidad

más profunda: por el reino de Dios hay que estar dispuesto a dejarlo todo,

porque Dios es el único absoluto. quien lo puede entender, ha descubierto un

verdadero tesoro y no le da pena dejarlo todo para poseerlo.

      Esa forma de vivir que pone a Dios como absoluto de la vida y se

orienta hacia donde Él indica, es el estilo propio de Nazaret.

      Jesús estaba creando en Nazaret con su sola presencia, con sólo vivir,

el nuevo modo de estar en el mundo, de relacionarse con Dios, de amar a los

hombres, de trabajar, de sufrir. El era también allí "el camino, la verdad

y la vida". Como "al principio" también en Nazaret estaba la Palabra, y la

Palabra "contenía vida y esa era la luz de los hombres" Jn 1,4

 

Caminar en novedad de vida

 

      "Los que creen en Cristo, renacidos de germen no corruptible, por la

palabra de Dios vivo (IPe 1,23), no de la carne, sino del agua y del Espíritu

Santo (Jn 3,5-6), son hechos por fin "linaje escogido, sacerdocio real, na-

ción santa, pueblo de adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora

es pueblo de Dios" (IPe 2,9-10)" L.G.9.

      La raíz de la nueva vida está en la acción de Dios que, cumpliendo la

palabra del profeta, quita de nosotros el corazón de piedra y pone en su

lugar un corazón de carne. Esa es la renovación fundamental, fuente de todas

las otras. El don de un corazón puro y dócil, que sustituye al corazón

malvado y endurecido, equivale a una nueva creación por parte de Dios. Es la

creación de la humanidad nueva. Es la instauración del nuevo Israel.

      A la acción transformadora por parte de Dios, mediante la donación del

Espíritu Santo en el interior del hombre, debe corresponder un nuevo modo de

vivir. Por eso S. Pablo exhortará a los creyentes: "Si habéis resucitado con

el Mesías, buscad lo de arriba, donde el Mesías está sentado a la derecha de

Dios" Col 3,1.

      "Tened esto presente: el hombre que éramos antes fue crucificado con

Él para que se destruyese el hombre pecador y así no somos más esclavos del

pecado, porque cuando uno muere, el pecado pierde todo derecho sobre Él" Rm

6,6-7.

      La realidad de la vida nueva en la que nos invita a pensar el evangelio

de hoy y que fue ya vivida maravillosamente en Nazaret, brota en cada uno de

nosotros en el acto de gracia y de perdón que Dios nos ofrece.

      Como para la mujer adúltera del evangelio de hoy, de los escombros de

nuestros pecados, al entrar en contacto con Jesús, nace en nosotros "una

criatura nueva".

 

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sábado, 26 de marzo de 2022

Ciclo C - Cuaresma - Domingo IV

 27 de marzo de 2022 - IV DOMINGO DE CUARESMA – Ciclo C

 

"Su padre lo vio de lejos y se enterneció"

 

 

Josué 5,9a.10-12

 

      En aquellos días, el Señor dijo a Josué:

      - Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.

      Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la pascua al atardecer

del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.

      El día siguiente a la pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la

tierra: panes ácimos y espigas fritas.

      Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los

israelitas ya no tuvieron maná sino que aquel año comieron de la cosecha de

la tierra de Canaán.

 

Corintios 5,17-21

 

      El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo

nuevo ha comenzado.

      Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo

y nos encargó el servicio de reconciliar.

      Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,

sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje

de la reconciliación.

      Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios

mismo os exhortara por medio nuestro.

      En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.

      Al que no había pecado, Dios lo hizo expiar nuestros pecados, para que

nosotros, unidos a Él, recibamos la salvación de Dios.

 

Lucas 15,1-3.11-32

 

      En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores

a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: Ese acoge

a los pecadores y come con ellos.

      Jesús les dijo esta parábola:

      - Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: Padre,

dame la parte que me toca de la fortuna.

      El padre les repartió los bienes.

      No muchos días después, el hijo menor, juntando lo suyo, emigró a un

país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo

había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él

a pasar necesidad.

      Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo

mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el

estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba de comer.

      Recapacitando entonces se dijo:

      - Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo

aquí me muero de hambre. Me pondré‚ en camino a donde está mi padre, y le di-

ré: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme

hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros".

      Se puso en camino a donde estaba su padre. Cuando todavía estaba lejos,

su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se

puso a besarlo.

      Su hijo le dijo:

      - Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme

hijo tuyo.

      Pero el padre dijo a sus criados:

      - Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la

mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos

un banquete porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido

y lo hemos encontrado. Y empezaron el banquete.

      Su hijo mayor estaba en el campo.

      Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y

llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

      Este le contestó:

      - Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado, porque

lo ha recobrado con salud.

      El se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba

persuadirlo.

      Y él replicó a su padre:

      - Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden

tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis

amigos; y cuando ha venido este hijo tuyo que se ha comido tus bienes con

malas mujeres, le matas el ternero cebado.

      El padre le dijo:

      - Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías ale-

grarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido

y lo hemos encontrado.

 

Comentario

 

      El comienzo del cap. 15 del Evangelio de S. Lucas es importante para

comprender el sentido de las parábolas de la misericordia. Las tres compara-

ciones que Jesús pone tienen la finalidad de explicar su comportamiento con

los "recaudadores y descreídos" que "solían acercarse en masa a escucharle". 

      Pero más allá de la respuesta a la crítica de fariseos y letrados en

estas parábolas, y sobre todo en la que se lee hoy, Jesús muestra los rasgos

del Dios verdadero: Su actitud de acercamiento a los pecadores viene así

perfectamente esclarecida. Lo que está en juego en la parábola es la au-

téntica imagen de Dios y su relación con el hombre.

      "El hombre -todo hombre- es este hijo pródigo: hechizado por la

tentación de separarse del Padre para vivir independientemente la propia

existencia; caído en la tentación; desilusionado por el vacío, que como

espejismo, lo había fascinado; solo, explotado, deshonrado, mientras buscaba

construirse un mundo todo para sí; atormentado incluso desde el fondo de su

propia miseria por el deseo de volver a la comunión con el Padre. Como el

Padre de la parábola Dios anhela el regreso del hijo, lo abraza a su llegada

y adereza la mesa para el banquete del nuevo encuentro, con el que se festeja

la reconciliación." (Reconciliatio et paenitentia n§ 5).

      La segunda parte de la parábola se centra en la actitud del hijo mayor

ante el retorno de su hermano y la acogida que su padre le dispensa. Fiel y

cumplidor, seguro de sí mismo y cerrado a su hermano, será él el obstáculo

para que se celebre la fiesta de familia.

      "El hombre -todo hombre- es también ese hermano mayor. El egoísmo le

hace ser celoso, le endurece el corazón, lo ciega y lo hace cerrarse a los

demás y a Dios. La benignidad y misericordia del Padre lo irritan y enojan;

la felicidad del hermano hallado tiene para él un sabor amargo. También bajo

este aspecto él tiene necesidad de convertirse para reconciliarse"

(Reconciliatio et paenitentia n§ 6).

      La parábola refleja de modo admirable en su conjunto el gran amor de

Dios, nuestro Padre, que sale al encuentro del hombre y le ofrece la reconci-

liación, el perdón, la dignidad recobrada, el banquete de la felicidad

eterna. Por otra parte muestra también la condición del hombre y la posibili-

dad de su doble acogida del amor de Dios y de conversión representada por el

hijo que vuelve y por el hijo que se quedó en casa pero sin comprender el

amor del Padre.

 

En Nazaret

 

      En Nazaret fue acogido de modo inigualable el amor misericordioso de

Dios que sale al encuentro del hombre pecador.

      El amor misericordioso de Dios no es un gesto abstracto que nadie ha

podido ver. En Jesús ese amor se ha hecho visible, palpable. Tanto amó Dios

al mundo que dio a su único Hijo para que tenga vida eterna" Jn 3,16.

      Y Jesús en Nazaret fue acogido como salvador de los hombres. Su nombre,

revelado a María (Lc 32) y a José (Mt 1,21) le vino dado "porque Él salvará

a su pueblo de los pecados" Mt 1,21. Los dos escucharon de labios de Simeón

la palabra que le proclamaba "Salvador" (Lc 2,30) y sabían, como Zacarías,

que en Jesús "por la entrañable misericordia de Dios, nos ha visitado el sol

que nace de lo alto".

      Para María y José‚ el gesto de misericordia de Dios hacia el hombre

tenía un nombre y una realidad muy concreta: era el Jesús que vivía con

ellos. Vivieron así la primera comunidad de salvación: comunidad que acoge

la salvación en Jesús y comunidad que ofrece a Jesús como salvador del mundo.

      Ellos, que jamás se marcharon de la casa del Padre, que nunca habían

roto con Él, supieron, sin embargo, comprender mejor que nadie el gesto

perdonador de Dios en Jesús y asumirlo de modo que la salvación llegara a

todos nosotros.

 

                                 Nosotros

 

      "Y todo eso es obra de Dios, que nos reconcilió consigo a través del

Mesías y nos encomendó el servicio de la reconciliación: quiero decir que

Dios mediante el Mesías, estaba reconciliando el mundo consigo" 2Co 5,18-19.

      Con los ojos fijos en Nazaret podemos comprender la profundidad de

estas palabras de San Pablo en este domingo en que meditamos sobre el Dios

misericordioso. La reconciliación es ante todo obra de Dios y se ha realizado

en Cristo. Son las dos afirmaciones fundamentales del texto citado.

      Si nos dejamos penetrar por ellas, tendremos que rectificar nuestra

tendencia habitual a pensar en nosotros mismos, en los pasos que tendremos

que dar para llegar a la reconciliación, en los obstáculos que nos separan

de Dios o del prójimo.

      La familia de Nazaret nos enseña que lo primero es mirar a Dios y

acoger con sencillez su gesto benevolente hacia el hombre. De este modo el

camino hacia la reconciliación (aunque a veces es costoso) se efectúa con

agradecimiento y alegría. La reconciliación es algo que se recibe en el

corazón antes de empezar a pensar cómo hacer para llegar a ella.

      Y la segunda gran realidad es que la reconciliación, toda reconcilia-

ción, se efectúa en Cristo. Como para María y José, también para nosotros el

Cristo muerto y resucitado y viviente hoy en la Iglesia, es la encarnación

concreta del gesto de gracia que Dios hace en nuestro favor.

      Jesús se nos ofrece como don de perdón y de misericordia, por eso en

último término acoger la misericordia de Dios es acoger a Cristo, es decir,

creer.

 

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